Esperar se vuelve difícil cuando queremos conocer de antemano cada detalle. Sin embargo, la Escritura no presenta la confianza como la capacidad de anticipar todo lo que ocurrirá, sino como la decisión de apoyarnos en Dios mientras todavía existen preguntas.
El salmista reconoce amenazas reales, pero no permite que el miedo defina quién gobierna su corazón. La fe bíblica no niega el peligro. Lo mira de frente y, aun así, recuerda quién es Dios.
Hoy no necesitas tener resuelto todo el camino. Necesitas suficiente luz para obedecer el paso que tienes delante y suficiente confianza para dejar en manos de Dios lo que todavía no puedes ver.